martes, 29 de junio de 2010
Te suena lo lírico?
Y a mi en el género masculino:
"No se me importa un pito que las mujeres tengan
los senos como magnolias o como pasas de higo; un
cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una
importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan
con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que
sacaría el primer premio en una exposición de
zanahorias; ¡pero eso sí! –y en esto soy irreductible- no
les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan
seducirme!
Esta fue –y no otra- la razón de que me
enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y
sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importan sus
extremidades de palmípedo y su mirada de pronóstico
reservado?
¡María Luisa era la verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la
cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me
preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus
compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese,
volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos,
perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡Marïa
Luisa! ¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me
abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme,
volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una
caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas
enteras nos anidábamos en una nube, como dos
ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el
aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las
nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea ¿puede
brindarnos alguna clase de atractivos una mujer
terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia
sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que
tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del
suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la
seducción de una mujer pedestre, y por más empeño
que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan
siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que
volando."
Oliverio Girondo- Espantapájaros- I-.
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